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SENTENCIAS DE LOS PADRES DEL DESIERTO
En este apartado, vamos a introducir algunos textos de las "Sentencias de los Padres del
Desierto". "Los Apotegmas de los Padres".
Los Apotegmas son el fruto de una lenta y larga maduración en el silencio del desierto.
Una de las colecciones más apreciadas de Apotegmas que han llegado hasta nosotros es la que
tradujeron del griego en la primera mitad del siglo VI los Presbíteros Romanos Pelagio y Juan.
El valor de los dichos de los Padres es que se remontan al siglo V; otras colecciones son de origen
más recientes.
Muchas publicaciones recientes atestiguan el creciente interés por los antiguos monjes que
llamamos de ordinario "Los Padres del Desierto". Proporcionan temas de discusión y reflexión
Aquí tenemos algunos Apotegmas:
1 - El Abad Casiano cuenta del Abad Juan, que había ocupado altos puestos en su Congragación y que había sido ejemplar en su vida. Estaba a punto de morir y marchaba alegremente y de buena gana al encuentro del Señor. Le rodeaban los hermanos y le pidieron que les dejase como herencia una palabra, breve y útil, que les permitiese elevarse a la perfección, que se da en Cristo. Él dijo gimiendo: "Nunca hice mi propia voluntad y nunca enseñé nada a nadie que no hubiese practicado yo mismo.
2 - Un hermano preguntó a un anciano: "¿Hay algo bueno para que yo lo haga y viva en ello?" El anciano respondió: "Sólo Dios sabe lo que es bueno. Sin embargo, he oído decir que un Padre había preguntado al Abad Nisterós el Grande, el amigo del Abad Antonio: ¿Cuál es la obra buena para que yo la haga?" y él respondió: "Acaso no son todas las obras iguales? La Escritura dice: Abraham ejercitó la hospitalidad y Dios estaba con él. Elías amaba la quietud del alma pacificada y Dios estaba con él. David era humilde y Dios estaba con él. por tanto, aquello a lo que veas que tu alma aspira según Dios, hazlo, y guarda tu corazón".
3 - Un hermano preguntó a un anciano: "Padre, ¿cómo viene al hombre el temor de Dios?" Y respondió el anciano: "Si un hombre practica la humildad y la pobreza y no juzga a los demás, se apoderará de él el temor de Dios.
4 - Dijo un anciano: "No hagas a otro lo que tú detestas. Si odias al que habla mal de ti, no hables tampoco mal de los demás. Si odias a los que te calumnian, no calumnies a los demás. Si odias al que te desprecia, al que te injuria, al que te roba lo tuyo o te hace cualquier otro mal semejante, no hagas nada de esto a tu prójimo. Basta guardar esta palabra para salvarse.
5 - Un hermano preguntó al Abad Pastor: "¿Cómo debe vivir un hombre?" Y el anciano le respondió: "Ahí tienes a Daniel, contra el que no se encontraba otra acusación, más que el culto que daba a su Dios" (cf. Dn. 6,5-6).
6 - El Abad Chamé, a punto de morir, dijo a sus discípulos: "No vivais con herejes, ni os relacionéis con poderosos, ni alarguéis vuestras manos para recibir, sino más bien para dar".
7 - Un anciano dijo: "La vida del monje es el trabajo, la obediencia, la meditación, el no juzgar, no criticar, ni murmurar, porque escrito está: "Ama Yahvé a los que el mal detestan" (Sal. 96, 10). La vida del monje consiste en no andar con los pecadores, ni ver con sus ojos el mal, no obrar ni mirar con curiosidad, ni inquirir ni escuchar lo que no le importa. Sus manos no se apoderan de las cosas sino que las reparten. Su corazón no es soberbio, su pensamiento sin malevolencia, su vientre sin hartura. En todo obra con discreción. En todo esto consiste ser monje.
8 - Dijo un anciano: pide a Dios que ponga en tu corazón la compunción y la humildad. Ten siempre presente tus pecados y no juzgues a los demás. Sométete a todos y no tengas familiaridad con mujeres, ni con niños, ni con herejes. No te fíes de ti mismo, sujeta la lengua y el apetito y prívate del vino. Y si alguno habla contigo de cualquier cosa, no discutas con él. Si lo que te dice está bien, di: "Bueno". Si está mal, di: "Tú sabrás lo que dices". Y no disputes con él de lo que ha hablado. Y así tu alma tendrá paz.